5 de abril de 2015

Conocer lo destructivo para valorar lo productivo

Si solo nos fijamos en lo agradable, en lo bello, en lo motivador, en lo transcendente, etc...
Y por contra, apartamos nuestra mirada a los antónimos de los anteriores nombres. En un principio no tendría nada de malo, pero por circunstancias, puede que con el pasar del tiempo experimentemos en nuestro fuero interno; vacíos, desganas y flaquezas. ¿Te suena? a mi si.
Según un antiguo proverbio chino: "El comienzo de la sabiduría es llamar a las cosas por su nombre"

Doy por supuesto, que esas emociones bajas no las experimentaremos cada uno de los más de 7000 millones de habitantes del planeta, solo los que tomaron la decisión de emprender un camino de crecimiento o de superación personal. Los que no, a partir de aquí ya habrán dejado de leer.

Esto ocurre (lo de las emociones bajas) porque para emprender un nuevo camino antes hay que ir dejando poco a poco el anterior... muchas veces impuesto.

Entonces, al dejar atrás "lo viejo" para ir entrando en "lo nuevo", antes se transitará como por una zona neutral en la que se produce un caos o desorden en relación a creencias, emociones, actitudes... hasta que se logra reenfocar las energías hacia la nueva dirección.

Esta experiencia se puede comparar a la de dirigir una orquesta:
Hay que mantener la armonía entre los diferentes instrumentos, cada uno ejecutando secuencias diferentes de notas musicales, unos finalizando, otros comenzando su ejecución.
Conservando la perspectiva de la orquesta en su totalidad, hay que mantener la atención en una y en otra sección, ser capaces de ir ajustando uno u otro instrumento para así crear nuestra propia sinfonía.




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